Prostituta definicion prostitutas real madrid

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En este sentido, una cosa es decir que las condiciones en las que se ejerce la prostitución son, en muchos casos, indignas y otra muy diferente es considerar —como hace el feminismo abolicionista— que lo indigno es ejercer este trabajo. Con estas posiciones sólo conseguimos reforzar el estigma y disminuir su maltrecha autoestima. La prostitución tiene mucho que ver con la situación de subor-dinación social y laboral de las mujeres en nuestras sociedades.

Incluso podemos decir que es, entre otras cosas, una institución patriarcal cuya función simbólica es el control de la sexualidad femenina. Su visión considera a las prostitutas seres pasivos, meras receptoras de la ideología patriarcal. Estas consideraciones olvidan que todas, de una u otra forma, vivimos situaciones de subordinación que intentamos combatir como podemos. Es una pura cuestión de supervivencia. En definitiva, los años de dedicación colectiva a las trabajadoras del sexo y sus derechos nos han enseñado cómo éstas pueden dar la vuelta, y de hecho se la dan, a estas situaciones de subordinación.

Y esto depende, en gran medida, de las condiciones subjetivas autoafirmación, seguridad en sí mismas, profesionalidad Así, por ejemplo, tener un ambiente de trabajo tranquilo les permite negociar mejor los precios y los servicios sexuales y sentirse con poder frente al cliente, justo lo contrario que ocurre cuando se prohíbe y convierte en clandestino el ejercicio de la prostitución o se persigue a los clientes. En definitiva, desde Hetaira creemos que para entender bien las situaciones complejas que se dan en el mundo de la prostitución es necesaria una mirada multilateral, amplia, una mirada feminista integradora de las diferentes causas y problemas que confluyen en la realidad concreta.

Es fundamental que contemplemos, también, otros factores como son la pobreza, los desastres naturales y provocados que hacen que miles de mujeres tengan que abandonar sus países y vengan al nuestro buscando un futuro mejor, sabiendo que lo que van a hacer es trabajar como prostitutas. O que tengamos en cuenta que estamos en sociedades mercantiles que tienden a sacar al mercado y convertir en mercancía muchos de los servicios que antes se desarrollaban en el marco de las estructuras sociales y familiares: Esta idea es coger una parte por el todo.

Porque sin duda existen clientes que van en ese plan, como existen personas en otros campos de la vida que porque pagan se creen con derecho a humillar a quien les ofrece un servicio, pero afortunadamente eso no es generalizable. Esa clase de personas son una minoría, también entre los clientes de las prostitutas. En el caso de las prostitutas, las condiciones de alegalidad en las que se desarrolla su trabajo y la consideración social estigmatizada son elementos fundamentales que limitan su capacidad de decisión y actuación.

Por ello es fundamental apostar por ampliar estos límites que condicionan sus decisiones reconociendo sus derechos en tanto que trabajadoras del sexo y desacralizando la sexualidad como forma de luchar contra el estigma.

Es necesario que las prostitutas se construyan como sujetos sociales con capacidad para hacer oír su voz y negociar sus intereses particulares. Y para ello es fundamental que desde el feminismo no les neguemos su posición de sujetos sino que, por el contrario, apostemos por reforzar esta posición partiendo de su capacidad para decidir y remitiéndonos a ella para despertar su rebeldía. Parece evidente que los cambios que se pueden producir en la consideración social de las trabajadoras del sexo pasan en primer lugar por reivindicar que la prostitución es un trabajo que no puede definir a quien lo ejerce.

Nombrar a las prostitutas trabajadoras del sexo es un elemento importante en este cambio. En este sentido, reivindiquémonos putas si con ello expresamos que somos transgresoras de los límites patriarcales a la sexualidad femenina, y malvadas porque tenemos en cuenta nuestros intereses y nuestros deseos sexuales.

La figura de la prostituta mala mujer aparece enfrentada a la figura de la mujer virtuosa esposa fiel, madre abnegada. Esto produce un efecto embodiment [Juliano, D.

En nuestra sociedad, cualquier tipo de contestación social por parte de las mujeres es atribuida a excesos de su sexualidad, y por ello el insulto que suele utilizarse para cualquier tipo de descontrol es el de "puta" para las mujeres y el de "hijo de puta" para los hombres. De manera que una conducta puntual o una opción laboral se transforma en un atributo permanente [ibid.: El cuerpo como negocio: Un sector importante de la sociedad exige una regulación comercial de los negocios sexuales por parte del Estado.

En este sentido, los discursos reglamentaristas y laboralistas de la prostitución suponen el reconocimiento de la existencia de dicha actividad. Sin embargo, implican cuestiones diferentes. La reglamentación indica la existencia de excepciones al derecho penal para aquellos sectores de la industria sexual que cumplan ciertas condiciones. En el caso de las trabajadoras del sexo, estos sistemas suelen imponer controles sociales, policiales y sanitarios obligatorios; es decir, puede traducirse en la instauración de controles periódicos y obligatorios por parte de su médico, el ejercicio en zonas de prostitución libre alejadas de los barrios residenciales y el pago de impuestos especiales por ejercer esta actividad.

También supondría fiscalizar los beneficios que generan las actividades económicas de la industria y el comercio del sexo. Normalmente, estos tipos de controles han redundado negativamente en la mujeres, pues han sido vulnerados sus derechos y libertades civiles: Actualmente, países europeos como Bélgica, Austria y Grecia tienen sistemas legales de corte reglamentarista. Por su parte, el discurso laboralista supone equiparar los derechos laborales de las prostitutas con los derechos de cualquier otra profesión formalmente reconocida, con la misma protección social y jurídica.

La prostitución queda enmarcada en su totalidad como una actividad laboral. Como efecto de este tipo de medidas, el negocio existente en torno a la prostitución deja de criminalizarse, lo que no sólo afecta a las trabajadoras, sino también a las terceras personas que median y tienen relación con este comercio.

Estas medidas se aplican en países como Alemania y Holanda. El sociólogo Ignasi Pons [ Frente a la supuesta "falta de libertad" en la elección de la prostitución como un trabajo, defensores y artífices de esta postura denuncian las condiciones de alienación y cosificación que se dan también en otras profesiones, y cuestionan que se cumpla el principio de libre elección no sólo en el mercado del sexo, sino en general en la mayoría de los trabajos actuales en nuestras sociedades.

Para la mayor parte del trabajo no cualificado se parte de los supuestos de que se trabaja por "dinero" y no por satisfacción personal. En general, nadie se plantea que un basurero, un enterrador de muertos o estar interna todos los días y noches conlleven una "realización personal", pero tampoco una "esclavitud personal".

Sólo en el caso de la prostitución se descarta, tal y como apunta la antropóloga Dolores Juliano [ En todo mercado laboral se pone en venta la fuerza de trabajo del cuerpo humano, ya sean los genitales o el cerebro. Ahora bien, hay que reconocer que el estigma aplicado a la comercialización del cuerpo femenino sumado a la sacralización de la sexualidad en Occidente hace que este tipo de trabajo se convierta en algo marginal y excluyente, a diferencia de otros trabajos que integran y se valoran socialmente.

La falta de capital social [Bourdieu, Por un lado, la defensa de regular los derechos y la mejora de las condiciones laborales dentro del sector económico del sexo se apoya en la reivindicación de la libertad de decisión sobre la gestión del propio cuerpo, como un negocio autónomo.

Este sería el discurso que defienden las trabajadoras sexuales como ellas se autodenominan: A partir de los años ochenta, las investigaciones comienzan a tener en cuenta las opiniones de los movimientos de las trabajadoras sexuales que reclaman sus derechos y autonomía para decidir ejercer esta actividad. Las obras y planteamientos feministas de Gail Petherson [], Raquel Osborne [] o Carla Corso [] se basan en las voces de las propias prostitutas.

En la lista de reivindicaciones elaborada en el Primer Congreso Mundial de Putas, las prostitutas reclamaban la regulación comercial en vez de criminal de los negocios sexuales y el esfuerzo de las leyes ordinarias contra el uso de la fuerza, el fraude, la violencia y el maltrato a niños tanto en contextos de prostitución como en cualesquier otros [Petherson, Las verdaderas protagonistas organizadas en asociaciones de trabajadoras sexuales salen a la palestra para hacer oír su voz y su propio discurso en defensa de sus intereses [Corso, Entre el orgullo del propio oficio y la propuesta de un mundo donde el sexo no se ponga ya a la venta, las prostitutas italianas también francesas, belgas e inglesas han constituido unos puntos de referencia internacional para intercambiar información y experiencias, elaborar técnicas de defensa y reclamar nuevas leyes [Corso, Pere Negre i Rigol recoge también testimonios de prostitutas del barrio chino de Barcelona.

Para Lin [] existen tres indicadores de estatus fundamentales: Si atendemos por indicador político al proceso de toma de decisiones autónoma, de "elegir" en cierta manera como trabajadoras subalternas, tampoco en este punto distaría de otra actividad laboral. La utilización del cuerpo y la sexualidad marcan una frontera simbólica que divide a hombres y mujeres: Ellos quedan "limpios" "ensuciando" a ellas. Aunque existe una negación general de la sexualidad tanto para el hombre como para la mujer, nuestra sociedad permite la transgresión de estas normas sólo para hombres, ya que su valoración social no depende de su conducta sexual ser promiscuo confiere prestigio.

Sin embargo, la valoración social de la mujer sigue siendo a través de su sexualidad. Las prostitutas reclaman el cese del hostigamiento legal de las medidas abolicionistas, ya que desde su punto de vista son estas leyes llamadas antiproxenetas las que atentan contra ellas mismas, su negocio y amigos.

El logro de la ciudadanía en nuestras sociedades de mercado abierto, basado en el sistema monetario, se encuentra esetrechamente ligado por no decir que depende a nuestra inserción al mercado de trabajo que, a través de la obtención del salario, nos permite la integración social en una posición y situación social determinadas.

En este contexto, el uso del propio cuerpo supone el medio para conseguir un salario o una nómina si se reconoce como un trabajo y la posibilidad de llevar una vida digna como cualquier trabajador potenciando así su capacidad como actor social.

En este sentido me parece relevante retomar la postura de la Organización Internacional del Trabajo, que: Es decir, remite el poder a las instancias sanitarias, algo que no ocurre en otras recomendaciones laborales. Hasta ahora sólo hemos incidido en uno de los actores que participan en el fenómeno de la prostitución: Sin embargo se suele olvidar que el trabajo sexual implica la existencia de otros actores sin los que esta actividad sería imposible: Hablar de trabajadora sexual implica hablar de clientes.

Hablar de prostitutas implica hablar de prostituidores , los intermediarios proxenetas, chulos y la industria del sexo. Y también es imposible obviar a la sociedad en general: La construcción en el imaginario social de la mujer prostituta difiere significativamente de la construcción simbólica del hombre "prostituto" o "gigoló".

Mientras que la mujer prostituta sufre un alto estigma en el ejercicio de su actividad laboral, su "cliente" queda obviado incluso "olvidado" a nivel simbólico dentro de la comunidad y sus medios de control policiales y de presión social al hombre se le atribuyen necesidades sexuales que la mujer no tiene o no debe tener.

Sin duda sería una interesante investigación. Son escasos los estudios que presentan el punto de vista de empresarios del comercio del sexo, como ANELA Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne , que aboga por la adopción de medidas reglamentaristas por parte del Estado español. Cuando se piensa que todos los trabajadores sexuales son víctimas, no se puede discutir sobre las diferentes condiciones de trabajo en las que se encuentran.

Bob , por ejemplo, es un 'cross desser' al que le gustan las mujeres. Es también el caso de Nick , un cuarentón soltero con gustos peculiares: Nick, por ejemplo, afirma quedarse charlando un buen rato después del acto. Esa es, finalmente, la conclusión de los investigadores. Aunque casi todas las trabajadoras se han visto en situaciones desagradables, la mayor parte de clientes son capaces de respetar los límites que imponen.

En Titania Compañía Editorial, S. Agradecemos de antemano a todos nuestros lectores su esfuerzo y su aportación. Alma, Corazón, Vida Viajes. Barnés Contacta al autor.

prostituta definicion prostitutas real madrid A través de cuentos morales y de "cuentos" científicos, prostitutas vídeos asociacion prostitutas madrid que se puede establecer una construcción del significado del cuerpo femenino y de su sexualidad, y su estrecha relación con la prostitución. En definitiva, el abolicionismo convive con otras visiones menos restrictivasincluso dentro del feminismo. Al llegar a un burdel dejaban esa linterna junto a la puerta mientras pasaban un rato con la prostituta de turno. La necesidad de conseguir una remuneración económica y mejorar así nuestra calidad de vida. Chicos sin Internet y los riesgos de la vida online:

Un ejemplo de estas políticas lo tenemos en Francia, donde en el año se aprobó una ley contra la inseguridad ciudadana en la que se prohibía la prostitución de calle. También se han sentido tentados por estas políticas los Ayuntamientos de Madrid, Barcelona y Valencia. En general, en el imaginario sexual la prostitución no existe como trabajo. Es curioso ver cómo en el Diccionario de Uso existen numerosos sinónimos de la palabra prostituta pero ninguno de ellos hace referencia a desempeñar un trabajo.

La puta es una categoría particular de mujer que queda diferenciada y apartada del resto de mujeres. Este estigma es uno de los pilares de la ideología patriarcal: Entre otras razones porque este estigma no afecta sólo a las putas, sino que recae también sobre las lesbianas, las promiscuas, las transexuales, las que les gusta el sadomasoquismo consensuado Su estigmatización y la condena moral que recae sobre ellas son la expresión del castigo con el que la sociedad responde a la trasgresión de estos mandatos sexuales.

Desde el punto de vista de la construcción de los géneros, si la masculinidad se construye sobre el rechazo de la homosexualidad así, la prohibición de las muestras de afecto entre hombres es un elemento central en la adquisición del estatus de hombre , la feminidad, y particularmente el prototipo de sexualidad femenina, se construye bajo la amenaza de ser considerada una puta.

Las ideas dominantes ligan el placer al peligro. Socialmente se sigue esperando que las mujeres tengamos una sexualidad menos explícita que los hombres. El proceso de estigmatización que sufren las trabajadoras sexuales hace que se las considere especialmente viciosas, perversas, trastornadas o enfermas. El estigma de puta lleva a que toda su vida sea valorada bajo este prisma: Violan dos reglas sagradas: Pero se diría que lo que se castiga en las prostitutas no es tanto el que mantengan relaciones sexuales sino que cobren por ello.

El sexo con hombres como trabajo implica un recorte a la entrega ilimitada que se presupone que las mujeres deben tener en las relaciones heterosexuales. Esta invisibilización impide que podamos ver su trasgresión de los mandatos patriarcales. El género es un elemento central: A través de la victimización, que presupone que todas ellas son esclavas sexuales, se les niega su poder decisión y de autonomía. El estigma de puta se utiliza así para justificar también la represión, la exclusión, el maltrato y la marginación de los inmigrantes.

Las políticas institucionales y las exigencias de la patronal, en concreto de la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne ANELA , de establecer controles sanitarios obligatorios para las prostitutas con el fin de garantizar la salud de los clientes, refuerzan el estigma y la frontera que las separa del resto de la población supuestamente sana. Los lugares que la puta ocupa en el imaginario colectivo, así como el estigma que recae sobre todas las trabajadoras sexuales, son interiorizados también por ellas mismas.

Las propuestas abolicionistas refuerzan también el estigma al presentar a las prostitutas como mujeres sin voluntad para poder enfrentarse a los problemas y necesitadas de una protección estatal especial.

Entonces cuando aparecemos nosotras como trabajadoras sexuales que decidimos serlo y exigimos derechos, buscan invisibilizar nuestras voces. Todas tienen que ser escuchadas. El Estado argentino entiende que todo es trata, desligitimando nuestros testimonios, creyendo que es producto de un discurso que nos dijo nuestro patrón que tenemos que decir para cuidar su negocio. Nos redujeron como mujeres no pensantes, que somos inducidas por terceros a decir lo que tenemos que decir.

Hoy por hoy no hay una diferencia entre trata, explotación laboral y trabajo sexual autónomo. Nadie pregunta si la trabajadora quiere estar ahí o no. Se nos pone a todas en la misma bolsa, y así no se puede ayudar a quienes no quieren hacerlo.

Nosotras pedimos que caso por caso se vea resuelto. Que se le puedan dar oportunidades laborales reales a esas mujeres. Pero las complejidades que hay en esta actividad quedan simplificadas en abolir o penalizar al cliente. Reconocemos que hay cierta desigualdad, no en la prostitución sino en el sistema en el que vivimos. Pero se sigue adjudicando todos los problemas sociales, culturales o económicos a la prostitución.

Podríamos decir lo mismo de la empleada doméstica, una mujer pobre que limpia la casa de alguien rico, muchas veces en malas condiciones. Ahí se pidieron derechos laborales. Las pocas mujeres que toman servicio de trabajadores sexuales lo hacen con mucha culpa. Eso reproduce los mandatos culturales que indican que cuando la mujer siente placer siempre tiene que sentir humillación. El sexo es algo que el hombre tiene ganado para su territorio y la mujer simplemente tiene que ceder y dar placer.

El hombre parece estar obligado a reforzar su sexualidad: Esa visión moral de la sexualidad hace que mucha gente se reconozca como abolicionista apelando al "asco". El asco no es un sentimiento legítimo para decir si un trabajo debe ser reconocido como tal o no. Claramente con algunas cosas se generan diferencias. Creo que hay que traer al feminismo las voces de las verdaderas protagonistas. Hay otras feministas que hablan de prostitución y nunca se comieron un día en cana, no saben lo que es el estigma de ser puta.

Eso de decir 'esta no puede hablar pobrecita, entonces yo hablo por ellas', es una actitud paternalista, maternalista. Cuando caímos por primera vez al Encuentro de Mujeres, como lo hacen otros sindicatos, lo primero que nos dijeron es: Nos hacían un juicio de valores. Nuestro trabajo no es indigno, indignas son las condiciones en las que trabajamos, como muchos otros sectores. Yo creo que, hoy por hoy, ser abolicionista es estar a favor de que la policía persiga a todas las mujeres que quieren ejercer el trabajo sexual bajo cualquier modalidad.

Es decir, nadie puede abiertamente avalar ese delito aberrante. Tanto Georgina como yo podemos ser consideradas víctimas de trata. De hacho, muchas veces quedan registradas compañeras como víctimas rescatadas cuando en realidad eran trabajadoras autónomas trabajando en un departamento que la policía allanó.

La abolición nunca va a suceder. Las trabajadoras sexuales también queremos que la trata de personas no exista. Ni que se le tenga que entregar parte de las ganancias a un tercero.

Es decir, estaban decidiendo sobre nosotras, pero sin nosotras. Durante mucho tiempo estuvimos dando vueltas en ese discurso de que las trabajadoras sexuales tenemos que combatir la trata. Pero es como mucho ya, porque tenemos que luchar por nuestras condiciones laborales y también contra la trata. Sin clientes no hay plata ríen. La verdad que eso fue toda una política de comunicación del anterior gobierno de intentar generar conciencia, que algunos sectores lo utilizaron para intentar penalizar al cliente de prostitución.

Nosotras nos reunimos con ellos para decirles que era sumamente discriminatorio, que le estaban trabajando la culpa a los hombres con esos spots. Los metían entre pausa y pausa en el medio de un mundial. Cambiar nombres a calles, buscar vestigios de ADN de un fallecido hace 40 años Todo ocurrencias y los grandes problemas sin resolver. Es difícil pasar de la calle y la pancarta a gobernar de verdad.

El problema con la esclavitud en los EEUU del siglo XIX no eran las actividades de los negros el cultivo de algodón sino la esclavitud en sí misma. La cuestión es que hay prostitutas que lo son obligadas por mafias y organizaciones delincuentes y otras lo son porqué han hallado en ello un medio de ganarse la vida, mejor que otros.

Deberíamos fijarnos en Holanda o en el estado de Nevada, dónde la prostitución es legal, y ver que las posibles soluciones no son cambiar el vocabulario, ni cerrar los ojos, ni mantener la situación alegal de la prostitución, ni impedir ejercerla a quien así lo desee. Si ejerzo la abogacía eres abogado, si ejerces la fontanería, eres fontanero Pero que la definición es la que es.

Y todo ello desde el mayor de los respetos. En mi opinión, enmascarar la realidad con silogismos agrava el problema. Aquí parece que la manera de resolver un problema es cambiar las palabras para no verlo como si estuviesemos en la novela de Orwell. No hay nada intrínsecamente malo en la prostituticón, ni para quienes la ejercen ni para quienes la consumen. Tal como ocurrió con la Ley Seca en EEUU, el problema es la delicuencia asociada en ocasiones y que proviene de la situación de alegalidad.

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